Reflexiones

Viviendo una Vida en el Espíritu



Origen de la naturaleza humana

Todo el mundo nace con una naturaleza pecaminosa que la Biblia llama “la carne”. Esta naturaleza pecaminosa es la única naturaleza que los inconversos tienen. Algunos cristianos creen que su vieja naturaleza fue destruida o quitada cuando aceptaron a Cristo, pero eso no es cierto. Dios no nos quita la vieja naturaleza pecaminosa cuando nos salva; en vez de eso, nos da Su Espíritu para vencerla. Mientras estemos en esta vida, tendremos la naturaleza carnal, la cual siempre se opondrá al Espíritu de Dios que está en nosotros. Gá.5:17 dice: Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí. Viviendo una vida en el Espíritu.

Consecuencias de Perseverar en el Pecado

Pablo inicia con un cuestionamiento acerca de perseverar en el pecado para que la gracia abunde. Y esto se refiere básicamente a una vida donde somos salvos, justificados, perdonados, contados como justos, pero este es el límite al que podemos llegar. A partir de ahí, hay un ciclo que se repite: Tener experiencias en las alturas del monte, y luego caer. Pero Pablo se refiere a esto de una manera diferente, él dice: “En ninguna manera”. Porque él entiende que hemos muerto al pecado. Y si esto es así, la pregunta es la siguiente: “¿Cómo viviremos en él? Simbólicamente se está refiriendo al bautismo en agua.

Somos Bautizados con Cristo

Pablo enfatiza que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, y que hemos sido bautizados en Su muerte, y sepultados juntamente con Él para muerte por el bautismo. En otras palabras, morimos a nosotros mismos. Pero nuestro salir de las aguas significa que estaremos listos para andar en vida nueva con Cristo. Este acto nos identifica con la sepultura de Cristo alegóricamente hablando. Hay que recordar que debemos salir de las aguas.

El Poder de Ser Bautizados en Agua

 Según los versos 5 y 6 vemos que el bautismo es un acto simbólico. Porque hay algo muy especial que sucede cuando somos bautizados en agua. Este tiene un poder, porque es capaz de romper con ataduras, deshace vínculos tanto denominacionales como tradicionales. Es un acto de fe, entendiendo que éste cortará los lazos con el mundo (Egipto). Podemos decir, que es un acto de buena conciencia (1ªTi.1:5). Es un acto mediante el cual se declaran nuestras intenciones de salir de Egipto al Señor, no es que éste arranca las inmundicias de nuestra carne.  

Conocer por Experiencia

 En el verso 6 hay una verdad central, habla de la vieja naturaleza crucificada con Cristo con la finalidad de que el cuerpo de pecado sea destruido; es decir, dejarlo impotente. ¿Cuál es la finalidad de esto? No servir más al pecado. La palabra “sabiendo” significa en griego “conocer por experiencia”. Estamos hablando de un conocimiento que es adquirido a través de una experiencia directa; no estamos hablando de un conocimiento teórico, sino de un conocimiento a fondo, práctico.

El Bautismo en Agua es un Símbolo

Entendiendo que el bautismo en agua es un símbolo; es una experiencia de “saber”, pero muy diferente. El viaje a Israel lo ilustra muy bien. En este viaje hubo dos eventos con agua, el del mar Rojo y el del río Jordán. Vemos que el mar Rojo es un símbolo del bautismo en agua. Israel salió de Egipto al ser redimido por la sangre del Cordero. Ellos salieron de Egipto, pero Egipto no salió de ellos, porque cuando tenían cualquier prueba, inmediatamente querían regresar a Egipto. En el Jordán vivieron la misma experiencia del mar Rojo. El cruzar el Jordán es la misma experiencia de Ro.6:6. Él anhela la circuncisión del corazón, la vida crucificada. El proceso de pasar por el Jordán es símbolo de que nuestro viejo hombre ha sido crucificado juntamente con Cristo.

La Experiencia Personal del Saber

Cuando hayamos alcanzado nuestra experiencia personal del “saber” que estamos crucificados juntamente con Cristo; entonces, caminaremos una vida nueva. Debemos considerar que estamos muertos al pecado cuando enfrentamos la tentación. Primeramente, debemos considerar a ciencia cierta que no “Sabemos”. Esta consideración solamente debe hacerse basándonos en hechos reales. Hay un poder en considerar. Debemos de reconsiderar diariamente ante las tentaciones, nuestra posición para que esto reafirme que estamos juntamente crucificados con Cristo. Hay que ser cuidadosos al afirmar que estamos muertos al pecado cuando todavía estamos luchando con algunas faltas. Como dice Ro.8:36 debemos experimentar un “morir a diario”. Pero, primeramente, debemos vivir el “saber” para considerar, o darlo como un hecho. Viviendo una vida en el Espíritu.

Alternativas antes de “saber” y de “considerar”

Cuando nos vemos expuestos a la tentación, asumimos que estamos muertos; por lo cual no tengo que ceder para que no reine el pecado. Esto debe de convertirse en nuestra propia decisión. No tenemos prácticamente alternativa antes de “saber” y de “considerar”, pero tenemos la opción de decidirnos por la santidad. Pablo nos exhorta a que no presentemos nuestros cuerpos al pecado. Esto nos permite disponer de un nuevo poder. Es decir, que cuando “sabemos”, podemos “considerar” y de esta manera podemos decidir cómo vamos a “presentarnos”.

Nuestro Deseo de Permanecer en la Cruz

Lo más relevante es que no podemos presentar nuestros cuerpos a la iniquidad, sino que debemos rendirnos a Dios, ya que tenemos la libertad de quitarnos de la cruz, pero nuestro deseo debe ser permanecer en ella. Nuestra carne tiene que ser circuncidada como en Gilgal para que todo oprobio sea quitado de nuestra vida (Jos.5:8). El proceso de someterse a la circuncisión en Gilgal, quitó el deseo de ellos de regresar a Egipto, fueron transformados. Por eso, a través del paso por el Jordán, Dios quiere que alcancemos la circuncisión del corazón.

Viviendo Nuestra Propia Experiencia

Él quiere que vivimos nuestra propia experiencia en el Jordán. Él quiere llevarnos a vivir una experiencia instantánea, pero también progresiva, para desarraigar las partes internas de nuestras vidas. El proceso de la circuncisión es completamente de Dios, es el verdadero camino a la victoria, no depende de nosotros. Él es el único que puede hacer esta operación en nosotros (Col.2:11, Ro.2:29, Jer.4:4). Viviendo una vida en el Espíritu. 

¿En qué se Basa una Vida en el Espíritu?

La vida en el Espíritu se basa en tres aspectos: saber, considerar y presentar de los

capítulos 6 y 7. Entiéndase saber por experiencia y por revelación. Su verdadero significado es que estamos crucificados juntamente con Cristo y nuestro viejo hombre está en la cruz. Considerar: es darlo como un hecho. Esta realidad mantiene al hombre viejo en la cruz. Debemos estar claros en considerarlo como un hecho que el cuerpo de pecado está palpitante en la cruz. Presentar: vez tras vez considerando que nuestro viejo hombre está en la cruz, y aceptamos que la gracia pueda reinar para que podamos rendir nuestros miembros a la justicia. Se debilita nuestro viejo hombre, y vamos entrando a esa vida de victoria de la cual nos habla el capítulo cinco.

Clave para Vivir una Vida en el Espíritu

La clave es andar en el Espíritu. Es estar cubiertos con el Espíritu Santo, de tal manera que sea Él en todas las áreas de nuestras vidas (Ro.8:9). La Ley del Espíritu de vida de Cristo, tiene un poder sobre nosotros y sobre la muerte. El poner énfasis en la vida hace huir la muerte. Debemos dominar el tema de la vida. El estar protegidos del Espíritu de Dios, Él nos lleva a la verdad (Jn.11:32). Él transformará esa verdad en algo efectivo e innegable para nuestras vidas, y también nos dirigirá por caminos de justicia de manera que no cedamos al pecado. Debemos de darle valor a la ley de Dios por ser valiosa y santa (Ro.7:12).

Debilidad en la Carne

Pero debido a la debilidad de la carne, la ley no podía producir santidad. Dios envió a Su Hijo, quien vino en carne, para poner la carne en la cruz, por esto la humanidad de Cristo es fundamental. Significa que por estar nosotros en Cristo, nuestra carne fue también puesta en la cruz. Por esta razón, nosotros estábamos en Él en la cruz. Viviendo una vida en el Espíritu. Viviendo una vida en el Espíritu.

Requisitos para poder Cumplir la Ley

La Ley se cumple cuando andamos en el Espíritu (Ro.8:1). La Ley debe tener cumplimiento, no puede ser deshonrada. Vemos que en el Antiguo Testamento la ley era exterior, sin embargo, en el Nuevo Testamento la Ley se anota en las tablas de nuestros corazones.  Para poder cumplir la Ley, nuestros corazones deben de estar cubiertos del Espíritu Santo, para poder ser guiados y dirigidos por Él en todo tiempo. En la medida en que vamos caminando en el Espíritu, renunciaremos a los deseos de la carne. La meta es llegar a conocer la voz del pastor (Jn.10:4). Si somos guiados por el Espíritu, complaceremos los deseos del Espíritu; porque tenemos el poder de caminar en el Espíritu en virtud del “saber”.

Renovando Nuestro Entendimiento

La clave está en la renovación de nuestro entendimiento (Ef.4:23). La mente es el centro de batalla, es donde se inician la mayoría de las cosas. Por eso, Pablo nos insta a tener la mente de Cristo. El que vive conforme a la carne no puede agradar a Dios (Stg.4:4). Los cristianos, tenemos el potencial de caminar con el Espíritu, porque el Espíritu de Dios mora en nosotros. Hay que entender que el Espíritu nos guía (Is.49:10) y Satanás controla, nos avasalla.

Sometiendo al Viejo Hombre

Es muy, muy importante comprender que siempre  tendremos la carne, no ha  sido descartada, solo esta inoperante. Cuando el hombre viejo no se revela ni está puesto en acción, se debilita cada vez más, hasta que pierde las fuerzas y no puede hacer nada. Solo el Espíritu Santo que mora en nosotros, es capaz de vivificar nuestros cuerpos para poder obedecerle a Él. Cuando somos guiados por el Espíritu, somos hijos de Dios. Cuando decidimos vivir por el Espíritu, estamos haciendo morir las obras de la carne por el poder del mismo Espíritu de Dios (Ro.6:13).

Cuando Vivimos una Vida en el Espíritu

En conclusión, esta carta del apóstol Pablo a Romanos es una reafirmación de la justicia de Dios. Ya no hay condenación para los que estamos en Cristo Jesús. Y esto, porque ahora mora en nosotros el Espíritu de Dios y ya no vivimos según la carne. Es el Espíritu quien nos ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Esta nueva realidad del creyente, se debe a que Jesucristo con Su muerte nos ha liberado de toda atadura. Si para la ley le era imposible hacerlo, para Dios no es imposible. De ahí, que nosotros los cristianos no vivimos según la carne, sino conforme al Espíritu. Muchos viven según la carne, cometiendo todo tipo de pecado; sin poder vivir con su conciencia tranquila.

Los Frutos de la Carne y los Frutos del Espíritu

Viven sin esperanza, sin alegría, sin imaginación, renegados. En ellos se evidencian los frutos de la carne descritos en el libro de Gá.5:19-21. Ellos son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas. El vivir en la carne produce muerte. El vivir en el espíritu produce amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza (Gá.5:22-23). Todos necesitamos experimentar una profunda y perpetua renovación que sólo la produce el Espíritu de Dios, y en virtud a ello podremos comprender nuestra misión terrenal, en medio de una realidad corrupta. El Espíritu enciende la imaginación del creyente y de la Iglesia, para que ambos puedan realizar la Gran Comisión de (Mt.28:19-20).


Ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme á la carne, mas conforme al espíritu.

Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.

Romanos 8:1-2 RVA

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