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Un Llamado a Contender Por la Fe

Las Escrituras nos muestran que el apóstol de los gentiles, Pablo, fue uno de los grandes contendores por la fe. Contendió en presencia de líderes religiosos, gobernadores, grupos filosóficos y reyes. Por esta razón, tanto sus métodos aplicados, como sus enseñanzas, son de gran valor para nosotros si en verdad queremos presentar defensa de nuestra fe. Un llamamiento a contender por la fe.

En su epístola a los Efesios, nos advierte de un modo enfático expresando que tenemos una lucha espiritual; pues, nuestra lucha no es contra carne ni sangre, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de este mundo, y contra huestes espirituales de maldad en los lugares celestes (Efesios 6:12). Un llamamiento a contender por la fe.

La Biblia nos recomienda que debemos estar preparados para luchar, por lo tanto, tenemos la advertencia de que nos pongamos toda armadura de Dios, para poder resistir en el día malo, y habiendo hecho todo, podamos estar firmes. Efesios 6:13: “Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes”.

El Señor nos provee de la Armadura Celestial, según Efesios 6: 14-17 “Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios”.

Los “lomos ceñidos con la verdad” nos dice que es la verdad de la Palabra de Dios lo que debemos tener en nuestro interior (Salmo 51:6), porque la verdad del evangelio es la que nos hace libres (Juan 8:32).

Tenemos “la coraza de la justicia”. Dios la dio al pueblo de Israel debido a su injusticia. No supieron andar en los estatutos, y en vez de hacerle bien, le hicieron daño. Hay un llamado a vivir la vida cristiana en santidad, ya que, al andar en el Espíritu, verdaderamente cumpliremos la justicia de la Ley de Dios (Romanos 8:4).

Debemos tener “calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz”. Tenemos un llamado de parte de Jesucristo a seguir la paz, porque nuestro líder es el Príncipe de Paz, en cuanto sea posible, debemos seguir la paz con todos los hombres siempre que sea posible (Hebreos 12:14).

Toma el “escudo de la fe” para apagar los dardos (de dudas) que el adversario intenta lanzarnos, según Efesios 6:16. No debemos permitir que la duda haga nido en nuestro corazón, ya que puede envenenar todo nuestro ser y dañar la verdad pura del evangelio.

Nos pide que nos pongamos el “yelmo de la salvación” para proteger nuestra mente de los ataques que el enemigo nos envía, con el fin de erigir fortalezas contrarias a los caminos de Dios, según 2ª Corintios 10:5. Debemos anhelar lo que el apóstol Pablo declara en 1ª de Corintios 2:16 “Más nosotros tenemos la mente de Cristo”.

Tenemos la “espada del Espíritu”, un arma ofensiva. Las piezas que describimos anteriormente son para nuestra protección. Debemos de tomar en cuenta que con las armas defensiva no se gana una guerra, sino cuando las fortalezas enemigas son derribadas. Por esto, hemos recibido la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios.

Hebreos 4:12 nos dice: “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”.

Cuando el Señor fue tentado en el desierto por Satanás, fue con “la espada de Espíritu” que Él apagó los dardos del maligno. “Escrito está”, fue la palabra que derrotó al diablo (Mateo). Este es el modelo a utilizar para no solo para contender por la fe, sino también para derrotar al enemigo. Tenemos como cristianos esta arma ofensiva; y nuestra boca es el instrumento que Dios usa para cuando el enemigo intente apartarnos de las sendas de justicia.

Por eso, Jesús citó constantemente el Antiguo Testamento cuando discutió con los escribas y fariseos. Cuando fue censurado por Su forma especial de ser, les citó Mateo 15:7-9 “Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo: Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres”.

Al igual que Jesús, el apóstol Pablo contendió por la fe con las Escrituras. A los griegos en Atenas, y después en el Areópago, predicó a Cristo resucitado de los muertos para nuestra justificación (Romanos 4:24-25). Este mensaje está escrito al pie del Areópago, sobre una tabla de bronce en griego moderno y antiguo.

Un Llamamiento a Contender por la Fe

Finalmente, Hechos 17:31 declara firmemente lo siguiente: “Por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos”.

Los que hemos sido llamados a contender por la fe, debemos de dar testimonio de la fe. Debemos tener muy claro el propósito de presentar el evangelio a todos los hombres en todo lugar, de manera que, lo puedan asimilar y entender con facilidad. Tenemos que guiar tanto a hombres como a mujeres a la salvación, la cual está en Jesucristo, “porque no hay otro nombre en el cielo en que podamos ser salvos” según Hechos 4:12.

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