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Jehová es Nuestro Único Redentor

Dice Isaías 43:1-2 Ahora, así dice Jehová, Creador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú. Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti. Jehová es Nuestro Único Redentor.

En el contexto histórico que se describe en el libro de Isaías, Dios permitió que Su pueblo pasara la humillación de ser entregado al pillaje, y luego ser llevado a la cautividad. Se presenta como Su Dios, y les recuerda ahora que Él es Su redentor y que Él es quien los ha rescatado

Israel es el Pueblo de Dios

 La única razón de ese interés de parte de Dios es que Israel le pertenece, ya que la llamó por su nombre al escogerla como pueblo Suyo en medio de tantos pueblos. Los lazos afectivos y la antigua relación teocrática establecidas en el Sinaí, aún permanecen a pesar de la gravosa situación de exilio de Israel. Dios no los abandonó a su suerte totalmente. Jehová es el Juez de Israel, Él se constituyó en Su Redentor.

El Señor Decretó el Castigo

El castigo fue decretado por el Señor. Pero, aún así, el hecho futuro de su liberación, Dios lo presenta como pasado cuando dice: Yo te he rescatado, para destacar más Su voluntad salvadora sobre ellos. Dios se encargará de librarle de todos sus peligros (aguas, llamas, ríos, fuego), y todas las situaciones críticas, no sólo rescatándole de la cautividad, sino aun después en las situaciones posteriores, porque el profeta entiende que la liberación del exilio significa el renacer de los tiempos mesiánicos.

Y es tan grande el amor que Dios tiene por la nación de Israel, que está dispuesto a entregar a su libertador Ciro, grandes imperios como pago: A Egipto, Etiopía y Seba (Génesis 10:7). El aprecio que Dios le tiene a Israel, hace que entregue hombres y pueblos como precio de su rescate según el versículo 4. El hará que los desterrados vuelvan del oriente y del occidente.

Declaración de Santidad

De la misma manera en que Dios obligó a devolver y a entregar los que eran retenidos, así nosotros que hemos sido constituidos como nación santa, y pueblo adquirido por Él, tenemos el privilegio de reconocer de que Jehová es nuestro único Redentor.

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